viernes, 8 de julio de 2011

Reflexión

¡ALTO ¡  ¿DÓNDE VA SIN METAS?

“Sabia usted que Dios nos creó como algo muy especial – seres únicos e irrepetibles-  y que además nos hizo con un  propósito específico?  Entonces, ¿cómo es que usualmente caminamos por la vida dando tumbos aquí y allá? ¿Será que no nos hemos planteado en serio la vida o, sencillamente,  no le hemos dado un verdadero sentido a nuestra existencia?  ¿O será, tal vez, que nos asusta pensar en el porqué vivimos; en el porque estamos aquí y hacia dónde vamos; en que queremos ser en la vida y otras tantas interrogantes más? O simplemente que no encontramos respuestas, porque hasta ahora no nos habíamos hecho un planteamiento serio a este respecto.    Sin embargo, pongámonos a pensar;  ¿qué puede esperar  del futuro una persona que vive sin ilusiones, sin metas, que balance podrá hacer al final de la vida?
Pues bien, para remediar esta situación y ser mejores, así como para darle un verdadero significado a nuestra vida debemos fijarnos metas y objetivos precisos.    Tener metas es tener razones para vivir, propósitos para luchar  y triunfos por alcanzar.
Examinando cuidadosamente cada aspecto de nuestra vida podemos determinar los vacios que deben ser llenados; pero no debemos hacernos un  planteamiento superficial del problema.    Tenemos que combinar razonablemente los aspectos materiales y espirituales y proponernos metas que abarquen todas las facetas de nuestro propio ser.   Metas espirituales, humanas  y materiales; una globalidad que abarque muchos fines, pues subestimar algunos de estos aspectos nos llevaría a una vida vacía e incompleta.
Triunfar significa mantener una verdadera armonía entre muchísimos factores.   Entonces si queremos triunfar, vamos a plantear en serio nuestra vida, ya que se vive solo una vez.    Formulemos ideales que realmente valga la pena, que efectivamente nos sirvan para llevar una vida plena y más útil.   Establezcamos metas en función de nuestras  propias necesidades, de nuestro interés específico, del ambiente en que nos desenvolvemos.   No copiemos.   Seamos nosotros mismos, auténticos y no permitamos  que nadie anule nuestro juicio personal.
Sabemos que no es fácil, pero aún estamos a tiempo.   Al igual que las grandes empresas, empecemos a planear el futuro, planifiquemos actividades a mediano y largo plazo.   Organicemos planes y programas y cumplámoslos en la medida de nuestras posibilidades.
Elijamos correctamente nuestros objetivos; pues el no hacerlo nos llevará a una existencia gris y sin perspectivas y nos llevará inevitablemente a un descontento con nosotros mismos, que se reflejará en nuestra propia autoestima, en el carácter y hasta en la salud.
Pidámosle mucho a Dios  Sabiduría y discernimiento para conocer cuáles son nuestras metas en la vida.  Hagamos una lista objetiva y sincera; que esta se convierta en una verdadera declaración de  principios y no en un pedazo de papel en el que hay un puñado de esperanzas: allí estará el programa de nuestra vida.  Haciendo esto estaremos dando el paso  que marca el principio de una vida plena y feliz.  Ánimo…

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